PRESENTACIÓN DE VIDA INCOMPLETA EN SALAMANCA, 12/05/2018. FERIA DEL LIBRO.
Vida INcompleta, de
Montserrat Villar
Rebeca
Hernández
Universidad
de Salamanca
Vida INcompleta es una antología
de la poesía de Montserrat Villar, en una edición bilingüe en español y
portugués publicada por la editorial portuguesa Lema d’Origem. Se trata de una elegante
edición, con veintinueve poemas de Montserrat Villar que incluye la cuidada traducción al portugués de Carlos d’Abreu y que, además,
cuenta con un prefacio del profesor de la Universidad de la Coimbra, António
Apolinário Lourenço.

El
epígrafe que abre el libro nos da la mano y nos guía hacia lo que encontraremos
en el interior: «La poesía ya no es solo belleza, es resistencia al espanto»,
dice, y eso es exactamente la poesía de Montserrat Villar: belleza y
resistencia al espanto. Este libro de tiene como una de sus grandes virtudes
algo fundamental e inherente a la literatura que uno busca leer y a la que uno
quiere leer, y esta virtud que: no se sale de este libro de la misma manera en
la que se ha entrado.
Y
esto es así porque la lectura de las diferentes composiciones de Montserrat
Villar produce una sacudida, conmueve, produce emoción, y esta sacudida, esta
emoción proceden del hecho de que su poesía traslada nos traslada a los lectores
a un punto de nuestro pensamiento en el que se produce una tensión intelectual
y vital, nos traslada a un punto de inquietud que proviene de la radiografía
que realiza del ser humano como elemento integrante de la vida y que en nuestra
lectura se encuentra de frente con la estructura vital que nos hace ser y nos
compone, y también con el material humano que utilizamos para lidiar con el
desconcierto propio y ajeno, con la injusticia, con el sinsentido de la
realidad en la que vivimos. Es a la vez una poesía de expresión individual y
colectiva, marcada por los sentimientos que de la subjetividad derivan y del
desconcierto ante una realidad que provoca la búsqueda de herramientas para
vivir en el mundo en el que vivimos una búsqueda que, en unas ocasiones, desemboca
en el hallazgo de la armonía y en otras desemboca en el desasosiego ante el
mundo. Y también habla del ser humano como ser social, a la vida de cada uno
dentro de la sociedad, de una comunidad, sujeto tanto a las decisiones ajenas
como al devenir de la vida, y refleja un sentimiento de encontrarse a la
deriva, ante el mundo y ante un devenir que no se espera. La lucha con la
realidad a través de la palabra Montserrat Villar la lleva a cabo con
pensamientos certeros, palabras afiladas e imágenes poderosas y valientes. Las
primeras líneas del poema en prosa titulado «Poema 11» dan buena muestra de
ello:
«Y
saber que la vida es esto, que se desmigajen las estrellas cada noche y sus
filos nos alcancen cuando menos lo esperamos. Que se rompan los espejos sin
ocasión de poder recomponer las imágenes. Que se enfríen los veranos y las
tormentas nos estallen en la playa. Que los enanos se nos crezcan para
pisotearnos y las hormigas transporten nuestros restos desmembrados. Que la
música sea una serenata desafinada sin necesidad de ensayo. Que las sonrisas
sean antifaces de mordeduras deseadas. La vida es el deseo de los vivos hasta
que decidan que la desmemoria es la mejor de las armas».
La
raíz del pensamiento y de la búsqueda de comprensión del mundo que comportan
las palabras de Montserrat Villar se encuentra en una constante interpelación a
la vida y al lugar que se ocupa en la existencia. Qué lugar ocupa el ser humano
en una existencia que él mismo emponzoña y empaña, y esto lo vemos claramente
en los versos que abren el poema «Números finitos» y que dicen así:
cómo
un ser humano puede
pulular
entre tus miembros
Una
vida en la que se permiten pequeñas y grandes injusticias cotidianas, una vida
en la que se ha permitido que haya habido en la Historia un Auschwitz, en la
que se permite hoy la situación de los refugiados.
La
palabra se identifica con la poesía, y el poema es defensa e instrumento para
la interrogación, la explicación y el cambio, material para el grito, llave
para la lucha contra una realidad marcada por la injusticia, por la desazón,
por la incomprensión.
Las
palabras permiten lanzar el grito frente a la barbarie, frente a lo que no se
comprende y es injusto, esto lo vemos, por ejemplo, en la última estrofa del «Poema
9»:
La
memoria, la belleza,
recuerda
que la palabra salva
a
través de sus formas
y construye caras, cuerpos
y
sueños que el alma explora.
El
grito también es visible en la composición «Sobre la tumba del poema», cuyos primeros versos dicen así:
Escribir
con las uñas sobre los ladrillos
hasta
que sangre el poema.
Por
otra parte, uno de los ejes vertebradores del poemario es el de la afirmación
de la poesía como el primer paso para el cambio en una sociedad enferma y esto
lo vemos, por ejemplo, en los siguientes versos del poema «Propongo»:
propongo
olvidar que hemos vivido:
cazar
con flechas alimentos,
pintar
con nuestras manos cuevas,
vestir
con pieles nuestros cuerpos,
hablar
con gestos y bramidos
[…]
Gritar
hasta dejar de estar sordos,
salir
de este espanto que nos frena
y
esperar a que mañana sea un acaso
cargado
de sueños que se cumplan,
ausentes
de injusticias, abusos y desfalcos.
Pero
la confianza en la palabra en algún momento también se ensombrece por el
escepticismo, como sucede en los versos del poema «Mundo infierno»:
Las
palabras
sólo
son dibujos desafortunados
en
una diminuta hoja
que
causa
la
muerte del Amazonas.
Otro
punto destacable es el del protagonismo que adquiere el lugar desde el que se concibe
el poema como grito, la comodidad desde la que se escribe en contraste con las
tragedias que tienen lugar, con mayor o menor distancia, como una parte mayor o
menor de la cotidianeidad, a nuestro alrededor. Esto lo vemos en el poema «Tsunami
televisivo en Japón»
Un
gran tren lleno de cadáveres
ha
abordado el salón de nuestra casa
mientras
las olas
rasgaron el horizonte,
dejando
sal encima de los árboles.
Algo
que también aparece en el poema «Qué fácil»:
Qué
fácil parir
palabras
de dolor
desde
el sofá naranja
de
mi salón
[…]
Por la muerte y el dolor de los otros
qué
fáciles las palabras.
El
tiempo en relación con la vida, con el pasado, el presente, el vacío, tiene
también una marcada presencia en esta antología. El presente se identifica con la
realidad en la que se desarrolla la vida, algo que se puede apreciar en el
poema «De sal y esperas» cuando dice
Tengo el presente
el
mío y el suyo sin fantasmas,
sin
vampiros que me sangran
sin
conciencia ni recuerdos.
Tengo el presente.
Ya
no importa.
O
en uno de los poemas inéditos con los que se cierra el poemario cuyos primeros
versos son:
Hoy,
el tiempo
se
me ha amontonado en los ojos
y
los párpados
se
han cerrado a su paso.
Esta
Vida INcompleta es una obra de
hermosa lectura que nos aporta belleza y herramientas para tratar de resistir
al espanto, como promete el epígrafe que abre la obra. Por todo lo que acabo de
apuntar y por muchos otros elementos, reitero la idea planteada al inicio, una
idea que no es tanto una idea sino el sentimiento y la sensación de quien ha
leído este libro como si fuese un regalo, como un descubrimiento, con gusto y
reposo: no se sale de esta obra del mismo modo en el que se ha entrado. En esta
antología de Montserrat Villar el poema está hecho de vida, y con él se inicia el
silencio.
GRACIAS, REBECA, POR TU HERMOSA LECTURA.