“Saluda de mi parte a toda la
gente buena de Salamanca, a la que no sea buena…ni agua”. Con esta frase nos
despedimos Julio Blanco y yo después de recorrer la ciudad de Gotemburgo
durante dos días y medio juntos a ritmo de reflexiones, historias personales y
socio-políticas, recuerdos, vivencias, proyectos,… Un regalo impagable que me
ha hecho este leonés emigrante en Argentina durante 14 años y en Gotemburgo
desde hace 40. Hombre inquieto, reflexivo, buen conversador y culto que preside
la Asociación de Jubilados españoles de Gotemburgo y que está metido en un
sinfín de proyectos para apoyar la enseñanza de español en Suecia, la acogida a
españoles emigrantes en Gotemburgo, la expansión de nuestra cultura en la
ciudad,… y que hace posible que se publique semestralmente una revista como El
Timonel, de gran calidad y respeto por todo lo referente a la cultura hispana,
que da muestra del trabajo que se lleva a cabo con todo lo relacionado con
nuestro idioma, nuestro mundo, política,…

Conocer una ciudad acompañada de
un ser humano tan inquieto, tan concienciado con el mundo y las necesidades de
los seres humanos, tan observador y reflexivo, ha sido mucho más que conocer un
punto geográfico en el mapa. Compartir tiempo con las personas que lo rodean,
demuestra que sí, que cuando una persona cree que lo importante no es el yo
sino el nosotros y es un ser humano generoso, las personas que están cerca se
contagian sin ningún tipo de reparos y, al final, ese pequeño mundo se
convierte en un refugio de amistad para todos.
Y las ciudades se hacen de estos
seres humanos que rompen silencios y soledades e intentan unir en un proyecto
común a todos aquellos que podrían sentirse perdidos por estar tan lejos de sus
lugares de origen, de su idioma, de sus recuerdos primeros. Y sentirse acogidos
por personas que saben qué significa emigrar, qué significa vivir en otro lugar
sabiendo que el regreso no es una posibilidad, qué significa aceptar esa vida
más allá de los suyos y convertir ese otro mundo en un mundo propio es un
regalo y un vínculo imprescindible para todos los que, ahora mismo, conviven en
esta ciudad Sueca tan hermosa y tranquila, pero tan diferente a otras ciudades
que llevamos en el corazón.
He caminado por todas las calles,
por muchas de las personas que las habitan, por muchos recuerdos, por tantas
sonrisas que parece que haya estado aquí un mes y sólo han sido escasamente 3
días.
Espero, emocionada y agradecida, que Julio consiga completar ese nuevo
proyecto que están iniciando de consolidar la Asociación de Cultura y Lengua
Española (ACLE), ese proyecto de tener un pequeño programa de radio durante 2
horas a la semana con contenido hispano, y todos y cada uno de los proyectos
que rondan por su mente para facilitar la vida a los emigrantes en esta ciudad
y dar a conocer nuestra cultura.
No puedo olvidarme de Pilar, una
puertorriqueña que se ha pasado media vida viviendo en diferentes países y que
ahora es la representante del consulado español en Gotemburgo, una mujer
vitalista, expresiva, comprometida y, también, tremendamente generosa que
comparte amistad y proyectos con Julio y que no duda, también, en dedicar todo
su tiempo a hacer más fácil la vida a cada uno de los hispanohablantes y dar a
conocer la cultura a los Suecos.
Si tuviera que escribir todo lo
que he aprendido de Suecia y de la emigración estos días, podría escribir casi
un libro. Me quedo con toda la riqueza de espíritu que me han regalado, con la
generosidad, la espontaneidad, los abrazos, la acogida desde el inicio
haciéndome sentir como en casa,… ¿qué más puedo pedir?: una ciudad austeramente
hermosa que transmite paz en cada rincón, personas amables y educadas que te
explican todo con una paciencia infinita y una familia de españoles e
hispanoamericanos que te acogen como en tu propia casa y no dudan en invitarte
a su hogar en el próximo viaje. Qué bonito encontrar a gente así en el mundo,
qué emocionante poder vivir esta experiencia aquí y ahora, en un lugar en el
que se supone que el frío
clima marca a sus habitantes. Cuánto que aprender y
recordar.
Gracias Julio por todo lo que me
has enseñado y por cómo me lo has enseñando. Qué necesarias son las personas
como tú.
Montserrat Villar González
6 de octubre de 2018, 10hs de la
noche, Gotemburgo.