Desde hace 8 años, cuento el tiempo en Encuentros de Voces del Extremo. Mi año gira alrededor de ese viaje ineludible por necesario. Cuando se está acercando la fecha, siempre siento agotamiento físico a causa del trabajo pero, cada año, la seguridad de poder viajar a Moguer, me da la fuerza necesaria para seguir de la mejor manera. No es una sensación que sienta yo sola, en mi trabajo, mis compañeros siempre comentan: "Después vienes nueva, así que tranquila".
Y todos los años repetimos el ritual: quedar con todos los que vamos a viajar juntos, decidir qué coche llevamos, decidir a qué hora salimos (siempre en jueves porque los trabajos no nos permiten hacerlo antes), hoteles (reservados desde abril o mayo), libros, seleccionar textos para leer (que se van cambiando a medida que avanzamos en días y lecturas), búsqueda de nombres conocidos en el programa para abrir el corazón de nuevo y los abrazos... y tener la certeza de que no sería posible imaginar no llegar a Moguer para respirar, respirar con fuerza y llenar los pulmones, el alma y el cerebro de todo y todos hasta el próximo año.
Hay años que, debido a mis pequeñas depres o algún malestar general, se me hace difícil encontrarme con todo el mundo y me siento a observar, absorber cada minuto aunque me cuesta relacionarme. Pero hay otros que mi estado anímico es bueno y necesito abrazar, saber, expresar, conocer,... todo de todos.
Este año fue así. Necesitaba abrazar a uno por uno, saber de cada uno, sobre todo de aquellos que no había visto desde el año pasado y, aunque el tiempo es breve, estaba disfrutando cada segundo del extremo como debe ser.
Había habido un problema con el programa y, por lo visto, el bloque de lectura en el que me tocaba se había eliminado. Lo sé porque mi querido Antonio Orihuela me lo dijo, pero nadie sabe que ni me había enterado de cuándo me tocaba leer porque no me importa nunca hasta que llego para no faltar (claro), pero el rato de mi lectura no es lo importante nunca para mí (y me pongo siempre muy nerviosa porque me impresiona mucho leer ante tantos corazones abiertos), lo importante es estar y formar parte de una familia que me acoge cada año y a la que tengo necesidad de revisitar como se va a la casa de los padres, los abuelos, los hijos...
Y sí, sé todos los años a quién se le entrega el Aintzinako Bihotz porque siempre es la persona que aparece en el lugar posterior al Corazón Arcaico del año anterior. Y cada año, cuando leen el texto que precede a la entrega, se me pone el bello de punta porque es de los textos más hermosos que haya escuchado jamás (un texto escrito por Daniel Macías que es el que inició todo esto trayendo la casaca del Tibet). Y sé tantas cosas de cómo funciona todo, o debería saberlas a estas alturas... Pero la vida te hace regalos hermosos, más hermosos todavía de lo que pudieras imaginar en cualquier momento y mi despiste generalizado (a veces estoy en la luna y cuando Marte se interpone para propiciar un eclipse, allí me quedo sin posibilidad de desengancharme) con las cosas que me afectan a mí personalmente, han hecho que este año ni me hubiera fijado en este pequeño-gigante detalle de quién leía después de Enrique Falcón y menos de que en ese momento se entregara la casaca. Así que toda la tarde me dediqué a disfrutar de las lecturas y a concentrarme en leer lo más tranquila posible porque leer después de Falcón es todo un reto y, supongo que, a darme una vuelta por la luna (porque juro que no me dopo). Y cuando leían el texto consabido sentí esa emoción de todos los años y pensé (y esto es literal): "Con tanto lío de programa me han dejado al final y después de la entrega de la casaca yo no pinto nada, va a quedar muy feo que yo lea." y acto seguido: "Montse, ánimo, que no puedes fallar, hay que sacar fuerzas, pedir perdón por estropear la emoción del momento y cumplir con lo que te ha tocado, porque no voy a fastidiar ahora yo el orden de lectura". En fin, lo dicho, en la luna de Valencia, que es de donde viene Enrique Falcón y de donde me rescató al terminar el hermoso texto y decir mi nombre.
Y fue como un abrazo enorme de todos juntos y, de repente, me quedé petrificada y casi salgo corriendo por la puerta de atrás. Y lloré, claro que lloré y seguiré llorando siempre que lo recuerde. Y puse cara de tonta, de "qué pinto yo aquí si nadie me había dicho nada", y me emocioné tanto que sé que este año estará cargado de fuerzas por haber vivido un momento tan bonito y porque el Corazón Arcaico que todos y cada uno de los Extremos (lleven o no lleven la Casaca) que nos juntamos en Moguer me va a acompañar. Así que tengo energía, energía de la de corazón, de esa que es limpia y hermosa hasta el próximo año. Gracias infinitas a Enrique Falcón, a Antonio Orihuela, a Mar,... a todos y cada uno de los que estabais presentes y de los que no estabais pero os habéis alegrado con la noticia. Gracias de corazón, de este corazón Extremo en todos los sentidos. Aquí estoy para lo que deseéis, necesitéis,... con el corazón abierto.
Vídeo que me regala María Karmo:
Vídeo de Carlos Da Aira:
TEXTO DE LA IMPOSICIÓN DEL CORAZÓN ARCAICO
"En el seno de los encuentros de poetas en Moguer, VOCES DEL EXTREMO, organizados por la Fundación Juan Ramón Jiménez desde el año 1999, se creó, en el año 2004, el galardón "Antzinako Bihotz" (Corazón Arcaico).
El premio toma su nombre de unas palabras del poeta Bernardo Atxaga escritas en una lengua que, como la poesía y la canción, ha sobrevivido desde los tiempos de los bosques, la magia, y la familia social de la tribu. Este galardón no se encuadra en la categoría de las distinciones de la técnica literaria o de la creación poética, sino que premia y distingue la pureza y la desnudez de espíritu, la belleza moral, creativa y serena, "el estado poético" de la mente, el único estado que las herederas de Juan Ramón se comprometen a defender y a mantener.
Cada año nos reunimos para asomarnos al viejo pozo de la conciencia dulce, alrededor de la candela de la voz de antes de todo, y que será la misma voz que sobrevivirá a todo lo que conocemos, la canción antigua que calma el hambre de una nueva tribu, hermandad antigua en un mundo futuro que debe ser más sencillo.


Esa casaca es un honor que merece tu corazón grande, capaz de abarcar todo lo que conoce y encuentra.
ResponderEliminarDuerme feliz arropada por el abrazo de todos los que te queremos.
Mil besos y parabienes.
Esmeralda