
Mi poesía no es amable, lo sé (como dice Aute, es poco complaciente). Sólo trata de ordenar, asumir, entender y racionalizar todo lo que la vida nos ofrece. Sentir es el regalo, escribir es respirar, compartir es solidarizarse con los que se duelen y comunicar que todos somos seres de llanto y alegría, de tristeza y caricias, sólo tenemos que vivir, aprehender cada instante y transmitirlo con honestidad y "belleza". La vida es imperfecta y los hombres somos los seres vivos más crueles que habitan la tierra, ignorarlo es ignorar nuestra propia naturaleza, asumirlo y aceptarlo nos permite intentar ser un poco mejores, aprender de nuestros errores o de los ajenos y buscar en nuestros actos, ya fuera del poema, "la belleza". Esa es la lucha de cada día, escribir simplemente es reflexionar en soledad sobre la esencia de estar aquí y ahora, de ser yo y nosotros y vosotros y los otros, de haber sido y de seguir siendo en el futuro. Escribir es asumir las derrotas de uno mismo o de los otros y empatizar y, por qué no, respirar bajo las ruinas de un edificio, sabiendo que la palabra nos va a regalar el oxígeno necesario para sobrevivir, sobrevivirnos, Bitácora de Ausencias es ese camino de descubrimiento de lo más doloroso, absorción del llanto de otros y del mío propio, compulsión y, finalmente, aceptación de la existencia del horror, del dolor y del llanto como parte de este presente. Al final, escribir, es respirar sobre todo ello y saber que el silencio salva, la palabra salva, la belleza salva, la ternura salva, la poesía, como sangre que corre por las venas, finalmente, salva.
ORACIÓN POR LOS DERROTADOS
Que la palabra se haga carne que
cubra los huesos que la injusta derrota provoca.
Que las cenizas construyan muros
que abracen la miseria y la rabia hasta olvidar el dolor.
Que los silencios a los que el terror precedió
sean música tierna para el futuro que se dibuja en las plazas.
Que sus entrañas cercenadas se recompongan
entre estrellas y lunas, iluminando el futuro de esperas.
Que el vientre de las madres y los hijos que se fueron
acoja el deseo de un mañana preñado de belleza.
Que mis ojos no olviden sus heridas y silencios,
que el tiempo no destruya este anhelo en la distancia.
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Esta noche las pupilas del silencio
han sido arañadas con la rabia celestial
y el huracanado sonido de la voz
de una abismada tormenta.
Esta noche la calma ha sido violada
para amanecer, a pesar de todo,
entre golpes de invisibles jirones
que doblegan a los árboles
y acosan a las aves indefensas en vuelo imposible.
Aterrizamos a cada paso
si consideramos oportuno
deshabitar las paredes que nos protegen.
Soportamos a duras penas
los embates inesperados de este invierno
nacido con vehemencia desmedida.
Esta noche ha expelido un aullido furibundo
que el día intenta asumir
observando cómo todo se diluye en el hedor
de la propia existencia.